A sus 9 años de edad, Juan Carlos tenía muy claro la razón por la que ha elegido vivir con su padre y no con su madre, separados en países distintos.
Un día, luego de llorar amargamente en el Aeropuerto de Puerto Plata tras despedirse de su madre, confesó: "Siempre me pasa esto cuando me despido, no puedo evitarlo", dijo.
Estando en el avión, dijo al adulto que lo acompañaba: "¿Sabes por qué no vivo con mami?". Y enseguida él mismo respondió: "Por Fulano". Mencionó el nombre del nuevo marido de la madre.
Un par de años después de ese episodio, Juan Carlos se atreve a verbalizar a su padre: "Un día le pegaré, aunque sea más pequeño".
Juan Carlos es una víctima indirecta de la violencia que sufre su madre, y aunque su maltratador no es el padre de ese niño lúcido que siente a su edad la responsabilidad de cuidar de su madre, entiende que ella no ha sido capaz de protegerse de su agresor y asume una responsabilidad que no le corresponde y que no puede asumir.
Los estudios que se han desarrollado sobre el tema indican de modo infalible que existen millones de niños y niñas en el mundo que sufren las consecuencias de la violencia que sus padres o padrastros profesan a sus madres. Asimismo, los resultados indican que muchas madres piensan que por el hecho de que su agresor no agreda físicamente a sus hijos, éstos están a salvo.
No son conscientes de que desde el momento en que un hogar se convierte en violento deja de ser el lugar seguro en el que todo menor tiene derecho desarrollarse, y de todas las consecuencias que esa violencia indirecta acarrea a la vida de ese futuro adulto.
En la mayoría de los casos el agresor de una mujer también maltratará a sus hijos.
Un estudio realizado en 2005 para la Universidad de Murcia (España) por las especialistas Rosa Patró Hernández y Rosa María Limiñana Gras, denominado: "Víctimas de violencia familiar: Consecuencias psicológicas en hijos de mujeres maltratadas. 2005, afirma que "entre el 35 y el 70% de los niños de familias violentas manifiestan problemas clínicos de conducta, especialmente problemas externos como conductas agresivas y antisociales".
Según los expertos Appel y Holden, "los casos más frecuentes son aquellos en que el maltratador agrede tanto a la mujer como a los niños, pero también se dan los casos en que la agresión se ejerce del hombre hacia la mujer, y de ésta o de ambos hacia los niños".
El estudio de la Universidad de Murcia señala que un menor que vive una cotidianidad como testigo de la violencia recibe un daño rotundo en "el adecuado desarrollo de la personalidad, el sentimiento de seguridad y de confianza en el mundo y en las personas que lo rodean".
Consecuencias psicológicas de la exposición de los niños a la violencia familiar
Diversos estudios muestran que los niños expuestos a la violencia en la familia suelen presentar conductas agresivas y antisociales, así como un miedo mayor que los niños que han crecido en un hogar armonioso. Asimismo, las investigaciones señalan que los niños de hogares violentos presentan un menor rendimiento escolar y desarrollan altos niveles de ansiedad, depresión y síntomas traumáticos.
"Muchas mujeres se sienten más culpables cuando intentan tomar la decisión de abandonar a su abusador si tienen hijos. Puede que la mujer piense que los hijos tienen derecho a tener su padre en casa y que el hecho de negarles su presencia la convierte en una egoísta. Ella cree que podrá protegerlo y así no privarlo de su compañía.
"La intención es buena, pero la idea, equivocada", destaca Murray en su libro "Relaciones destructivas". "Nadie puede proteger a un niño las 24 horas cuando hay un abusador en casa", afirma.
Asimismo, la especialista francesa Marie-France Hirigoyen indica que "el progenitor herido, como no consigue expresarse ante su agresor, vuelca también sobre sus hijos toda la agresividad que no ha podido exteriorizar en su momento".
manifestaciones según la edad
Los niños no manifiestan sus secuelas y daños igual que los adultos. Son mensajes que hay que aprender a descifrar y que varían según su edad.
DE 0 A 2 AÑOS
- Exige mucha atención
- Se asusta con facilidad.
- Llora o grita demasiado.
- Sufre alteraciones del sueño, tiene pesadillas, le cuesta dormirse.
- Tiene problemas de salud con frecuencia.
- Da problemas a la hora de comer.
- Se inquieta excesivamente cuando te separas de él.
PREESCOLAR
-Tiene muchas rabietas en un mismo día o rabietas que duran más de 15 minutos.
- Tiene muchos arrebatos de agresividad, a menudo sin una razón aparente.
-Es extremadamente activo, impulsivo e intrépido.
- Se niega constantemente a obedecer y a escuchar a los adultos.
-No parece estar unido a sus padres. Evita, por ejemplo el contacto físico con ellos o no los busca.
-Suelen gustarle los programas de televisión violentos, video juegos, o es cruel con los demás niños.
EDAD ESCOLAR
-Tiene problemas para concentrarse.
-Suele interrumpir las actividades escolares y tiene bajo rendimiento.
-Acostumbra a pelearse con otros niños en el colegio.
-Cuando sufre una decepción o recibe una crítica reacciona enfadándose y vengándose.
-Ve muchas películas o programas violentos.
-Tiene pocos amigos.
- Se hace amigo de niños agresivos o indisciplinados.
-Es cruel o violento con las mascotas u otros animales.
-Se frustra con facilidad
PREADOLESCENCIA
O ADOLESCENCIA
- No escucha a las personas con autoridad.
- No presta atención a los sentimientos o derechos de los demás.
- Trata mal a las personas y se basa en la violencia física o en las amenazas para resolver los problemas que se le presentan.
- Piensa que la vida lo trata de manera injusta.
- Rendimiento escolar bajo.
- Se asocia con grupos violentos, interviene en peleas, robos o provoca daños a la propiedad.
- Bebe alcohol o consume drogas
De: Diario Libre